La puerta de la habitación se abrió de repente con un estruendo, y dentro entró corriendo un chico sin hogar con una piedra en la mano. Estaba sucio, sin aliento, y sus ojos brillaban con una extraña seguridad. Antes de que alguien alcanzara a detenerlo, corrió hacia la cama y golpeó con todas sus fuerzas con la piedra el yeso de la pierna del hombre.
— ¡No hay ninguna fractura! ¡Lo están engañando! — gritó el chico, sin apartar la mirada de los médicos.
En la habitación estalló el caos de inmediato. Uno de los médicos se lanzó hacia él, la enfermera se quedó paralizada de horror, y el multimillonario que yacía en la cama, por un momento, ni siquiera entendió lo que estaba pasando. Solo se estremeció por el golpe y miró al chico confundido.
— ¿Qué estás haciendo?! — gritó el médico, intentando arrancarle la piedra.
Pero el chico no retrocedió.
— ¡Lo mantienen a propósito con ese yeso! ¡Lo sé! ¡Ahí no hay ningún hueso… hay otra cosa!
Sus palabras sonaron demasiado seguras para ser las de un simple niño de la calle. Por un instante, todos guardaron silencio. Incluso los médicos intercambiaron miradas nerviosas, como si hubiera tocado un asunto del que no querían hablar.
EL HOMBRE RESPIRABA CON DIFICULTAD Y MIRABA ALTERNATIVAMENTE AL CHICO Y A SU PIERNA.
— ¿De qué está hablando…? — susurró en voz baja.
Pero el chico volvió a levantar la piedra y asestó otro golpe. El yeso se quebró más, uno de los fragmentos se desprendió y cayó al suelo. El médico por fin le sujetó la mano, pero ya era demasiado tarde.
En el yeso aparecieron grietas profundas.
En la habitación se hizo el silencio. Ya nadie gritaba. Todos tenían la vista fija en la pierna.
Despacio, casi conteniendo la respiración, el médico se arrodilló y empezó a quitar con las manos los restos del yeso. Los pedazos se desmoronaban y se iban desprendiendo, dejando al descubierto lo que debía ser una pierna común después de una operación.
Pero no era una pierna común… 😳😱
BAJO EL YESO NO HABÍA PIEL NORMAL.
Allí había una masa oscura y espesa, como si algo extraño hubiera crecido dentro de la pierna, envolviendo los huesos y los músculos. Se movía ligeramente, como si reaccionara a la luz y al aire.
La doctora retrocedió bruscamente y se cubrió la boca con la mano.
— Esto… es imposible…
El multimillonario palideció. Su mirada quedó vacía, ni siquiera era capaz de gritar.
Y el chico sin hogar observaba todo con calma y dijo en voz baja:
— Ya lo había visto.
Todos se giraron de inmediato hacia él.
— EN OTRO HOSPITAL, — AÑADIÓ. — ALLÍ TAMBIÉN DECÍAN QUE ERA UNA FRACTURA NORMAL… HASTA QUE FUE DEMASIADO TARDE.
En la habitación volvió a caer el silencio.
Solo que esta vez ya nadie intentó detener al chico.
Porque todos entendieron una cosa: tenía razón.
