Hay algo especialmente reconfortante en sacar un pan caliente directamente del horno — sobre todo cuando se ha preparado con ingredientes que ya tienes en casa.
Esta receta sencilla de pan sin levadura está inspirada en la repostería casera tradicional de aquellos tiempos en los que la gente tenía que confiar más en la creatividad que en productos difíciles de conseguir.
Sin dejar reposar la masa. Sin pasos complicados.
Y aun así, en menos de una hora obtienes una corteza dorada y crujiente y un interior suave.
Es una prueba de que el pan casero no tiene por qué ser difícil ni llevar mucho tiempo.
Una de las mayores ventajas de esta receta es precisamente su sencillez.
En lugar de levadura se utiliza polvo de hornear y bicarbonato de sodio, por lo que no hace falta esperar a que la masa suba.
Desde el momento de mezclar los ingredientes hasta servir el pan en la mesa pasan unos 45 minutos.
SOLO NECESITAS UN BOL Y UNA SARTÉN DE HIERRO FUNDIDO O UN RECIPIENTE PEQUEÑO PARA HORNEAR.
Hornearlo en una sartén caliente hace que el pan adquiera una corteza ligeramente crujiente, mientras se mantiene suave y esponjoso por dentro.
Para preparar la masa, hay que mezclar en un bol grande la harina, el polvo de hornear, el bicarbonato de sodio y la sal.
Después se añade suero de leche frío — o leche normal con un poco de vinagre como sustituto — y mantequilla derretida o aceite.
Todo debe mezclarse suavemente solo hasta que los ingredientes se unan.
Mezclar demasiado puede hacer que el pan quede pesado y compacto.
La masa lista debe formarse en un pan redondo y pasarse a la sartén caliente espolvoreada con harina o sémola de maíz.
En la parte superior conviene hacer un corte poco profundo en forma de cruz, que ayudará a que el vapor salga durante el horneado.
EL PAN SE HORNEA A 220°C DURANTE UNOS 20–25 MINUTOS — HASTA QUE LA CORTEZA SE VUELVA DORADA Y EL PAN SUENE HUECO AL GOLPEARLO POR DEBAJO.
Este pan sencillo sabe delicioso con mantequilla, mermelada o miel.
También combina perfectamente con sopas, guisos y comidas caseras abundantes.
Sabe mejor recién horneado, pero puede guardarse envuelto en un paño limpio durante unos dos días a temperatura ambiente.
Si se endurece un poco, basta con ponerlo unos minutos en un horno caliente para que recupere su suavidad.
Sencillo. Casero. Delicioso.
Esta receta recuerda que, a veces, los mejores sabores nacen precisamente de los ingredientes más comunes.
