El guardabosques los divisó desde lejos. Cuatro hombres avanzaban por el claro con rifles en las manos, arrastrando tras de sí la presa que habían cazado. Salió a su encuentro y habló con firmeza:
—Dejen de cazar inmediatamente y abandonen el bosque. Esta es una zona protegida.
Se miraron entre ellos y soltaron una carcajada. El anciano estaba solo, y ellos eran cuatro — fuertes, descarados y seguros de que nadie los haría rendir cuentas.
—Pagarás por tus palabras, viejo. Aún no ha nacido nadie que pueda darnos órdenes —escupió uno de ellos.
Todo ocurrió en un instante. Lo sujetaron, lo derribaron sobre la nieve y le ataron las manos y los pies. Intentó liberarse, pero no tenía ninguna posibilidad contra ellos.
—Colguémoslo de un árbol como cebo vivo. Hoy los osos y los lobos tendrán un gran banquete —propuso otro.
Lanzaron la cuerda sobre una rama gruesa, lo izaron cabeza abajo y apretaron bien los nudos. La sangre le subió de inmediato a la cabeza y la imagen ante sus ojos comenzó a volverse borrosa.
—Disfruta. Mañana volveremos por tus huesos —dijeron al despedirse, alejándose entre risas.
La nieve comenzó a caer en grandes copos. El bosque se sumió rápidamente en un silencio profundo. El viejo guardabosques colgaba indefenso cabeza abajo, con los brazos entumecidos. Sabía que no podría liberarse por sí mismo, ni siquiera luchando hasta el último momento.
Gritó, pidió ayuda, pero a su alrededor solo estaba el bosque. De pronto, un leve crujido llegó desde la distancia.
Esperaba ver personas, pero entre los árboles apareció una sombra gris.
Un lobo.
El depredador se detuvo primero a lo lejos y lo observó atentamente. Luego dio un paso. Y otro más. La nieve crujía suavemente bajo sus patas. Sus ojos ámbar no se apartaban del hombre.
El guardabosques se quedó inmóvil.
—Este es el final… —le cruzó por la mente—. Ha llegado mi hora.
CUANDO EL LOBO AULLÓ LARGO Y PROFUNDO, TODO EN EL INTERIOR DEL ANCIANO SE CONTRAJO DE TERROR.
—Está llamando a su manada… —pensó.
Ya casi se despedía de la vida cuando el animal hizo algo tan inesperado que le dejó sin aliento y un escalofrío helado recorrió su espalda. 🫣😱
El lobo saltó de repente y atrapó la cuerda con los dientes. El guardabosques estaba convencido de que el depredador intentaba morderla para alcanzarlo. La cuerda se tensó y crujió. El hombre abrió los ojos de par en par y vio que el animal tiraba de la cuerda con furia, no de él.
Al tercer tirón, el nudo se aflojó, la cuerda se rompió y el anciano cayó pesadamente sobre la nieve. Permaneció inmóvil unos instantes, incapaz de creer que seguía con vida. El lobo se quedó a su lado, jadeando con fuerza, y lo observaba con calma, como si lo reconociera.
Entonces el guardabosques lo recordó. El invierno anterior estaba patrullando la zona cuando se encontró con una trampa colocada por cazadores furtivos. Dentro se debatía un joven lobo. Su pata estaba atrapada en unas mandíbulas de acero, y el animal gruñía y trataba de morder.
El viejo pudo haber seguido su camino. En lugar de eso, cubrió con cuidado al animal con su chaqueta, abrió la trampa y lo liberó, dejándolo regresar al bosque.
ENTONCES EL LOBO TAMBIÉN SE GIRÓ Y LO MIRÓ DURANTE UN LARGO MOMENTO. AHORA HIZO EXACTAMENTE LO MISMO. EL GUARDABOSQUES INTENTÓ LEVANTARSE. EL LOBO RETROCEDIÓ UNOS PASOS, AULLÓ UNA VEZ MÁS DE FORMA BREVE Y DESAPARECIÓ LENTAMENTE ENTRE LOS ÁRBOLES.
